Fusion

En Alemania existe un festival de musica muy diferente a cualquier festival.
Un festival en el que tras comprar la entrada sin salir del coche, aparcas en la misma zona donde plantas la tienda. Donde hay niños que juegan con sus bicis o se pasean con sus padres entre empastillados sonrientes a las 12 de la mañana. Donde no hay que hacer cola para ducharse, sino simplemente despelotarse y esperar tu turno. Donde en la pista de trance solo puedes beber te o licores de fresas frescas mientras suena un ensordecedor zruka-zruka y donde puedes entrar todo lo que quieras (bebida, comida, tu perro) a la zona de conciertos.

Donde puedes ir al cine de 24h, al teatro o bañarte en un lago. Pintar acuarelas de subidón o asistir a workshops de arte urbano. 
Donde durante tres días la música no para de sonar en sus mas de 10 escenarios en los que suena electro, salsa, rock (esa Pulqueria!), trance, ska o hardcore

Un festival que no hace publicidad alguna y en el que se juntan hippies de pies descalzos con punks, o makineros teutones con chicos de buena familia. Aquí podéis ver fotos de la gente. 

Ese bello festival es el FUSION, situado en un antiguo aeropuerto sovietico en la región de Mecklenburg Vor Pommern. Y en el, tuve la suerte de aterrizar hace dos fines de semana. 

El año que viene os lo deverias apuntar en vuestra agenda de festivales veraniegos. Yo ya lo he hecho, como Martin, Nihan, Lale, Katja, Gerardo y Susana.
Por cierto, aun me dura el efecto Fusion.

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Tiempo de lagos

Aparte de las barbacoas, frisbie, picknik y la fotosintesis en parques repletos de niños, con la llegada del buen tiempo, el berlines acude ansioso a cualquiera de los lagos que rodean la ciudad.
Y así lo hice yo ayer, inagurando la sesion de baño en lago.

El Möggelsee es uno de los lagos mas grandes y bonitos al sureste de Berlín (parte ex comunista). Tiene una parte de arena en plan playa artificial con pistas de volley y otros entretenimientos playeros donde los bañistas se reparten en dos zonas, la nudista, que aquí le dicen FKK (Freie Körper Kultur), osease „la cultura del cuerpo libre“, y la parte de bañador. Pero todavía hay mas. 
Fuera de esas zonas se abre un bosque que rodea el lago y en el que si uno conoce el camino encuentra zonas de baño salvaje sin gente a su alrededor. 
El baño es otra historia, porque aunque haga calor, el agua (y más para un mediterráneo como yo) esta fría de cojones. También es curioso, que una vez superado el shock inicial y tras sumergirte en el agua, a tu alrededor en vez de peces aparecen patos. Bueno uno se acostumbra.

 

Debut

Anoche los dijerren nos presentamos en directo ante el público berlines.

Tocamos en Park 36 (Kreuzberg) en una fiesta privada organizada por nuestras queridas compis de piso Ina y Steffi y fue la hostia.
Al llegar al bar quedamos algo aturdidos y nos planteamos si tocar o no. Aquello es un local de lo mas pijo del barrio, por no hablar de la decoracion de mal gusto que abunda en el (ver cuadro).
Tras discutir con los dueños de cual era el mejor sitio para tocar y flipar con su sorpresa al ver que traimos bateria nos pusimos a montar el equipo. Queríamos tocar y el sitio nos daba igual.

– Tio se nos ha olvidado un jack!
– Oye ¿que notas eran las del cuarto tema?
– Yo paso de ponerme en el centro
– ¿Alguien sabe donde se ha metido Isma?
– Ulf preséntanos tú que hablas mejor alemán 

A las 23.30 empezamos con nuestra intro postrock ante cerca de sesenta personas. Despues siguieron unos 10 temas (con versiones de radiohead, planetas, weezer) y nuestras cuatro canciones muy aplaudidas y en las que gozamos un montón. Impagable el atrape de isma y el mio propio en la de los planetas.
El bis lo cerramos con una versión hardcore del tema „sloop john be“ de los beach boys en el que el publico suerfeo con nosotros. 

Fue genial volver a tocar en un escenario y mas como jerrens. Tantos domingos de ensayos invernales han valido la pena. Y bueno, pronto volveremos a tocar, en lo que va a ser nuestro „berliner tour“. Un amigo que organiza fiestas en la universidad nos vio y nos han contratado para principios de julio y a finales de ese mes tocaremos en el karakas bar, un antiguo puticlub transformado en bar rockero para cuarentones (en menuda „escena“ nos movemos).

Pronto crearemos un myspace para que nos oigais, así que hasta entonces y para calmar vuestra sed de fans, os dejo una imagen de la banda en plan „que duros somos“.

 

Primavera


Por fin llegó la primavera al Treptower Park.
Bikinis, gafas de sol y piel blanquecina junto al rio Spree. Millones de arboles florecidos y sonrisas en las calles. A ver si ahora, después de tostarse al sol, los berlineandos se ponen las pilas con el Blog 🙂

Striker

En el mes de Marzo la BVG (compañía de transportes que dirige el metro de Berlín) organizó la huelga mas importante y duradera de la historia de esta ciudad. Millones de personas tuvieron que buscar un transporte alternativo para ir al trabajo, llevar a los niños a la guardería o para irse de marcha.
En esos días de desconcierto encontré mi nueva bici. Hacia tiempo que quería tener una para ir al curro y moverme por la ciudad ahora que empieza el buen tiempo. Ya que mi antigua bici no aguantó el duro invierno y el oxido se apoderó de ella como el lado oscuro de la fuerza en darth vader, no me quedaba otra solución, tenia que encontrar una nueva.
Y fue un día soleado tras desayunar copiosamente en la panadería de mi calle, cuando al pasar por la tienda de bicis la vi relucir a través del cristal. Fue todo un flechazo. La „striker“ es roja, tiene tres marchas, dinamo magnética para la luz delantera y freno trasero holandés. Me lleva suavemente a todas partes y nos entendemos muy bien. Es la mas bonita del barrio y además tiene una gran historia.  
La strike bike ha sido producida por una compañía de trabajadores que fueron despedidos de una fabrica de bicis en quiebra. A modo de protesta ocuparon la fabrica y crearon su propia empresa diseñando las strike bikes que se utilizaron los días de huelga en Berlín. Vaya con los alemanes. 
Bueno, me voy a pedalear un rato. 
   
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Y los sábados, Casablanca.

En Berlín hay un barrio que se expone, que muestra las tendencias caprichosas de sus diseñadores de ropa, donde las peluquerías tienen dj, entre cuyos vecinos predominan las pareja jóvenes con hijos, que presume de su estética puntera al igual que sus ciudadanos.
Tal desplieque puede alcanzar su cénit tanto un sábado por la noche, con sus paradas de metro a rebosar de americanos buscando alguna discoteca, como un mañana entre semana, donde los turistas se mezclan con los padres tomando el sol en alguna cafetaría. Y una de estas mañanas volví a pasar hace poco por el „Lichtblick Kino“. El „Lichtblick Kino“, en el barrio de Prenzlauer Berg, es uno de los cines más entrañables y pequeños de la ciudad, un diferencial de cine.

Está en la Kastanien Allee, calle que popularmente recibe el nombre de „Casting Allee“, por lo que se le atribuye de presumidos a sus habitantes, como si tuvieran que ir preparados para un Casting de cine incluso para ir a comprar el pan.

En el Lichtblick, el programa combina un par de novedades interesantes del cine actual, películas escogidas, con cine de restropectiva, ciclos sobre Buñuel y Wenders, Antonioni y Hitchcock, algunos de ellos con cierta regularidad. Al pasar la pequeña barra se accede, tras la vidriera de colores, a la sala de proyección, mínimo recorte de un antiguo teatro, cerveza y golosinas a disposición de quien guste para disfrutar la velada. Tienen una lista de correo para recibir por Email la programación mensual y por poco más de 3 euros, se puede disfrutar de un documental histórico, alguna reflexión de Noam Chomsky sobre la política o el lenguaje.
También las películas musicales tienen buena acogida, por ejemplo sobre el punk de la DDR o Nina Hagen, así como las películas sobre Berlín o rodadas en Berlín.
Aquí pude ver Blow up de Antonioni, basada en realidad en „Las babas del diablo de Cortázar, aunque mucho más famoso, de nuevo, la película que el relato, que es algo que me gusta recordar ahora que empiezo a hacer fotos, tratar de averiguar el sentido que tiene la ISO en las cámaras digitales para acercame a la ciudad desde otra perspectiva.

El programa y los visitantes del cine son caprichosos e interesantes.Pero eso sí, los sábado por la noche no puede fallar, en versión orignal subtitulada al alemán, el gran clásico „Casablanca“.

Man’yo

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Nuestro barrio no es conocido por su vida nocturna y mucho menos por sus bares. De hecho al ponerse el sol (los dias que previamente ha salido), nuestra calle parece sacada de una peli del oeste. Si, si, como en esas escenas donde el cowboy recorre la calle principal del silencioso pueblo mascando tabaco, y arrastradas por el viento se le cruzan pelotas de ramas. Bueno… Treptow es mucho mas verde.
En esta isla de tranquilidad, entre panaderias, peluquerias y floristerias vietnamitas hay solo un garito donde se puede disfrutar del nocturneo. El Man’yo. Digamos que es un bar muy „berliner“. Interior repleto de muebles retro de la epoca de la RDA, iluminacion tipical paises nordicos (velas y luz muuuuy tenue), exposiciones itinerantes de fotografía en sus paredes, carta de cocktails, ordenadores portatiles en las mesas de los modernos y muy buena música. También nos gusta mucho su barra, decorada con plantillas grafiteras y baldosas verdes de cerámica. Como buenas aves nocturnas (isma, tu mas), solemos de vez en cuando encaramarnos a sus taburetes para disfrutar de una buena becks, mientras desde su cima observamos a los contertulios acomodados en sus sofás.
Al tener solo un bar aceptable en el barrio, este adquiere gran diversidad de usos: un buen cafetito en un sofá de los años 60 oyendo a Johnny Cash, punto de encuentro y lugar de grandes discusiones, birreo con amigos para empezar la noche y caipirinha para acabarla. Vamos, que menos es mas.